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DOGMA: El culto de monjas que nos hace pecar y gozar a la vez

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DOGMA: El culto de monjas que nos hace pecar y gozar a la vez
Dogma

Olvídate de las monjitas que hacen galletas, rompope y rezan en silencio. Este convento no tiene rezos, lo que tiene son riffs. No reparte estampitas o imágenes religiosas, reparte guitarrazos. Nos referimos a Dogma, la banda de heavy metal y hard rock que está sacudiendo los escenarios en muchos lugares del mundo y también las almas… especialmente las más pecadoras. ¿Has sido tentado ya al escuchar su música a pecar un poco?

Son cuatro monjas, sí. Pero no son monjas comunes y corrientes. Estas llevan hábitos oscuros, botas pesadas y actitud para repartir. Cada una es un personaje sacado de un aquelarre sonoro:
Lilith, la voz que te susurra tentaciones al oído;
Lamia, la guitarrista que lanza truenos con cada riff;
Nixe, al bajo, marcando un ritmo que se te mete en la columna vertebral;
Abrahel, la baterista que hace temblar hasta las paredes del convento.

Su música es un cóctel explosivo de hard rock y heavy metal melódico con una pizca de herejía. Escucharlas es como si un ángel caído y un demonio se pusieran de acuerdo para armar una banda, y después concretar una orgía con las figuras sagradas de una iglesia católica. Las letras no se andan con sutilezas: ellas le cantan a la rebelión, al deseo sexual, a romper cadenas y a bailar sobre los escombros de los dogmas.

Pero parte del encanto y del morbo de Dogma es el misterio que las rodea. Nadie sabe quiénes son en realidad. Nunca muestran sus caras, ni revelan sus nombres reales. Es como si fueran las superheroínas oscuras del metal. Lilith, por ejemplo, canta siempre con una máscara, como diciendo: “olvídate de mi cara, escucha lo que tengo que decir”. Y vaya que tienen mucho que decir.

Su discografía aún es corta, pero poderosa. Su primer sencillo, “Father I Have Sinned”, suena como una confesión en forma de explosión. Y el cover de “Like a Prayer” de Madonna… bueno, digamos que si el Vaticano lo escucha, alguien va a necesitar otro tipo de exorcismo. Pero lo más brutal de DOGMA es verlas en vivo. Sus shows son como una misa punk: la homilía es a gritos, la comunión es con cerveza, y el coro te arrastra directo al pogo.

Así que, si estás listo para dejar los rezos y unirte al culto del pecado musical, solo hay una dirección: DOGMA. No son las monjas que el mundo esperaba, pero sí las que el mundo del rock necesita.