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Candelabrum Metal Fest V: cinco ediciones de felicidad metalera

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Candelabrum Metal Fest V: cinco ediciones de felicidad metalera

El 12 y 13 de septiembre de 2026, la Velaria de la Feria en León, Guanajuato, recibió la quinta edición del Candelabrum Metal Fest. En apenas cinco ediciones, el festival ha construido una identidad propia a partir de una curaduría excelsa, que combina leyendas del metal extremo, nombres de culto y talento nacional en un solo cartel.

La primera jornada, el sábado 12, abrió con los mexicanos Necronos y Vinnum Sabbathi, y continuó con Nite, Spiritus Mortis, Gehennah, Ved Buens Ende, RAM, Impaled, Solitude Aeturnus, Revenge, Lifelover y Bloodbath, hasta que Destruction se encargó de cerrar la noche.

El domingo 13 arrancó con las otras tres representaciones nacionales —Silent Tombs, Voltax y Under Moonlight Sadness— y siguió con Phlebotomized, Mournful Congregation, Misþyrming, Lik, Warning, And Oceans, Aura Noir, The Haunted y Loudness, antes del cierre a cargo de Old Man’s Child.

En total fueron veintiséis bandas de doce países, trece por jornada. México aportó cinco agrupaciones, mientras que entre las veintiuna internacionales Suecia fue el país con mayor presencia, con seis; le siguieron Noruega y Estados Unidos, con tres cada uno; Finlandia, con dos; y Alemania, Australia, Canadá, Islandia, Japón, Países Bajos y Reino Unido, con una cada uno. Por espectro de género, el doom fue el gran protagonista con ocho bandas —del funeral doom al death/doom y el doom épico—, seguido del black metal con seis; el death metal, el heavy/speed y el thrash —incluido el black/thrash— sumaron cuatro cada uno.

Lo que se vivió en el escenario

Si algo dejó claro esta quinta edición es que el talento nacional puede sostenerse sin problema junto a los nombres internacionales. Voltax demostró una solidez y dominio del escenario destacados, Vinnum Sabbathi envolvió la Velaria con su densidad característica de su doom ñoño y Under Moonlight Sadness ofreció un concierto de despedida cargado de emoción, de esos que se quedan en la memoria de quienes estuvieron ahí.

El speed metal tuvo su propia celebración con Nite y RAM, dos actuaciones que contagiaron energía y demostraron por que es que el heavy de corte clásico sigue teniendo cabida en el Candelabrum. En el extremo opuesto del espectro emocional, Lifelover entregó una presentación llena de drama y pasión, fiel al espíritu desgarrador de su música.

Revenge desató uno de los moshpits más intensos del fin de semana, mientras que Mournful Congregation sumergió al público en su doom brutal y pausado. Misþyrming, por su parte, se impuso con una presencia escénica sencillamente aplastante, que no dejó indiferente a nadie.

Hubo además grandes shows de veteranos: Aura Noir, The Haunted y Loudness cumplieron con creces lo que se esperaba de ellos. Pero si hubo un nombre en boca de todos fue Destruction, cuya actuación fue señalada por muchos asistentes como el mejor concierto que la banda alemana ha dado en México.

Finalmente, Old Man’s Child saldó una deuda con el público mexicano al presentarse por primera vez en el país, un momento significativo para todos los seguidores del black metal sinfónico noruego, que los hay muchos.

La Experiencia

A cinco ediciones de distancia, el concepto del Candelabrum ya está mas que arraigado: un solo escenario, un cartel pensado para el seguidor exigente y un ambiente metalero fiestero pero respetuoso y de camaradería al mismo tiempo, donde lo mismo convive el veterano que escuchó a estas bandas en su época que quien las descubre por primera vez.

El audio es un tema que siempre genera opiniones encontradas, pero suele existir un consenso que nos acerca a la realidad. En esta quinta edición volvimos a disfrutar de buen sonido en general, salvo excepciones contadas —como durante los sets de Bloodbath y Old Man’s Child— y con el comentario generalizado de que el volumen parecía algo bajo.

El formato de escenario único tiene además una gran ventaja: es posible ver a todas las bandas sin sacrificar ninguna. Y la experiencia de descubrimiento no empieza el día del evento; el cartel invita a explorar todas las propuestas desde su gradual anuncio, y el festival termina por confirmarlas en vivo.

Organización

Uno de los mayores aciertos del Candelabrum es su confiabilidad. Una vez anunciado el cartel definitivo no hubo una sola cancelación, algo a lo que lamentablemente no estábamos acostumbrados para festivales mexicanos debido a todas las experiencias pasadas. Destaca muchísimo también el compromiso del staff del festival durante ambas jornadas, que se vió reflejado en la puntualidad, la ejecución impecable y sin fallas o carencias que reportar.

Esa organización se puso a prueba el sábado, cuando una fuerte tormenta eléctrica obligó a activar el plan de contingencia. Los organizadores pausaron el festival de manera temporal, conforme a los protocolos de protección civil, mantuvieron informado al público y evaluaron los riesgos antes de continuar. Aunque la Velaria está protegida por su techo, la operación de equipo eléctrico durante una tormenta implica riesgos reales. Una vez que la tormenta se alejó, el festival retomó sus actividades con normalidad.

Detalles que hacen la diferencia

Más allá del cartel, el Candelabrum se distingue por un notable diseño de experiencia. Las áreas base como la zona VIP, el metal market, las tiendas oficiales, las múltiples areas de venta de bebidas, todas cumplieron su función de manera eficiente.

Pero la zona de comida fue la que mostró la mejora más visible. En pleno mes patrio, el festival adoptó un sistema de compra inspirado en la kermés mexicana: el asistente revisaba las opciones y los precios, y después adquiría el equivalente en boletos de kermés para canjearlos por su comida. Un detalle innovador y divertido que conectó el evento con una tradición muy nuestra.

Otro toque interesante este año fue la inclusión entre cada cambio de set, de una DJ que mantuvo el ambiente con una selección de Darkwave, que aportó gusto y variación, y que dejó ver la apertura del festival hacia otros sonidos.

A esto se sumó un nuevo sistema de vasos retornables, que redujo la generación y proliferación de basura dentro del recinto, un paso concreto hacia un festival más responsable.

Conclusión

La satisfacción de los asistentes fue evidente, y con ella llega la expectativa por la próxima edición. El deseo de ver crecer al Candelabrum es natural, aunque buena parte de su encanto reside precisamente en su escala: un solo escenario, un cartel cuidado y la posibilidad de vivir cada concierto sin prisas. El reto será crecer sin perder esa esencia.

Con cinco ediciones a cuestas, un cartel que reúne bandas de Europa, Australia, Japón y América, y una organización que respondió incluso ante la adversidad, el Candelabrum Metal Fest se levanta como un festival de prestigio internacional y uno de los encuentros imprescindibles del metal en México.