La fila de personas para entrar a la sección de pista parecía interminable, rodeaba todo el estacionamiento frente a la entrada principal del Palacio de los Deportes y no parecía moverse ni avanzar. Las personas formadas platicaban ansiosos para ocultar el nerviosismo. Poco tiempo después de encontrar la cola y reunirme con mis amigos la fila finalmente comenzó a moverse, primero lentamente y después sin darnos cuenta todos estábamos corriendo mientras mucha gente se metía en la fila corriendo también. 
  
Después de ser revisados en la entrada accedimos a la alfombra del lobby del palacio de los deportes, el único sitio que ha sido tocado por la modernidad. Atiborrado de gente debido a la nula organización de Ocesa las personas caminaban sin rumbo aparente, chocaban unas con otras y saturaban los baños. Los estratosféricos precios de la mercancía oficial hacían que la gente simplemente se siguiera de largo. 
  
Más adelante, en el único acceso a la pista la gente comenzaba a caminar más rápido y más emocionada, a cada paso la salida del túnel rectangular se hacía más grande y comenzaba a revelar el interior del palacio. Las gradas, el escenario y el estruendo de la gente se revelaban ante ti cual coliseo romano para el gladiador. Al frente, un conglomerado de gente se pegaba al escenario que estaba adornado por una manta de Anthrax. 
  
Con la mayor parte de la espera hecha afuera del recinto tuvo que pasar poco tiempo para que las luces se apagaran por segunda vez y Joey Belladona, Scott Ian, Frank Bello, Jonathan Donais y Charlie Benante salieran al escenario, poco a poco las reacciones del público se fueron replicando en la pista, la gente reprobaba con gestos la inexistente calidad del audio e inútilmente esperaban por una mejoría que nunca llegó. Hacia el final de su presentación, con el oído acostumbrado y familiarizado con las canciones de Anthrax se pudo disfrutar un poco de “Indians”, la energía de los músicos fue rotunda, el descarado discurso de Scott Ian levantó mucho a la gente, pero el audio y el rebote del palacio lo enturbiaron todo. 
  
El público despidió a la banda entre apoyo, aplausos y vendedores de cervezas y con esto comenzó a prepararse para la doncella de hierro.
  
Un año antes de este momento, en febrero de 2015 con el decimosexto álbum “The Book of Souls” grabado, el sitio oficial de la banda hizo público que Bruce Dickinson había sido diagnosticado tempranamente con cáncer de garganta y que se encontraba bajo tratamiento (http://ironmaiden.com/news/article/bruce-dickinson-undergoes-cancer-treatment), la noticia se propagó y apareció en todos los medios y formatos posibles. La banda y el vocalista calmaron las reacciones con optimismo gracias a los diagnósticos de sus médicos, se esperaba recuperación completa y gira mundial.  El apoyo de la comunidad metalera durante ese proceso fue acogedor.
  
Bruce guardó silencio ante las primeras y persistentes molestias que comenzó a tener por temor a que su doctor confirmara sus sospechas y lo obligara a detener inmediatamente las grabaciones y planes de gira para someterlo a tratamiento (http://loudwire.com/iron-maiden-bruce-dickinson-putting-off-cancer-checkup/). Bruce decidió correr el riesgo, enfocarse en las grabaciones y por lo increíble que suene prácticamente grabó el disco con cáncer. 
  
Conforme el paso del tiempo los reportes comenzaron a llegar y las buenas noticias de su recuperación (http://ironmaiden.com/news/article/bruce-dickinson-update) permitieron en septiembre de 2015 la confirmación de la gira mundial, “The Book Of Souls World Tour”, la vigesimosegunda gira mundial de la banda cuyos miembros se encuentran ya en la etapa de adultez madura ¿mermará esto la presentación? los ingredientes para uno de los peores conciertos de Iron Maiden en la ciudad podrían presentarse: el estado físico de Bruce, la edad de los miembros o la acústica del palacio de los deportes. 
  
Mi cabeza volvió entonces al palacio de los deportes, mi preocupación secreta permanecía, fue solo la música que me hizo confiar, “Highway Star” comenzó a sonar ambas noches ya muy cerca de la hora de inicio, la rápida fase de la canción comenzó a ponernos más nerviosos a todos, pues sabíamos que el momento estaba muy cerca.

  
Un chiflido unísono después del coro “I’m a highway star” cimbró el palacio que ya parecía estar completamente lleno, fue entonces que comenzó a sonar “Doctor Doctor”, en volumen casi completo, el estruendo del público fue inmediato, la gente volteó al escenario, corrió hacia él y comenzó a cantar apasionadamente las letras “Living, loving, I’m on the road, so far away from you”. 
  
Varios roadies salieron al escenario y tomaron sus posiciones, cada quién sujetando las mantas que cubrían las plataformas del nuevo escenario para la gira, la última nota de “Doctor Doctor” hizo que se apagaran las luces y los roadies revelaran las ruinas mayas donde Maiden tocará todos los conciertos de su gira mundial, en las dos pantallas comenzó a reproducirse el nuevo intro en CGI, el Boeing 747 de la banda se encontraba enredado entre las ramas de una selva y Eddie en forma de árbol rescataría la noche al desenredar el avión y lanzarlo nuevamente por los aires. 
  
La animación terminó con un estruendo y Bruce Dickinson, iluminado por un haz de luz blanco, apareció en el centro del escenario y frente a un altar de sacrificios hizo su ofrenda a los dioses: 
  
Here is the soul of a man 
Here in this place for the taking 
Clothed in white, standing in the light 
Here is the soul of a man 
  
Time to speak with the shaman again 
Conjure the jester again 
Black dog in the ruins is howling my name 
So here is the soul of a man 
  
Las guitarras y la batería fueron unidos por el bajo y juntos dieron los primeros galopes, fuego y luces cayeron sobre el escenario, el público estalló para cuando Bruce se balanceaba sobre las plataformas, Steve Harris gesticulaba como un león, Murray sonreía y Gers y Smith se concentraban en sus guitarras trillizas:

ERA IRON MAIDEN EN MÉXICO

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Entonces Bruce comenzó a contarnos historias a la vieja usanza de Iron Maiden: con British Heavy Metal y sonaba “If Eternity Should Fail”.

El primero de mis temores se desvaneció en seguida, el sonido fue fuerte y claro y la prueba vino con el primer sólo de guitarra de la canción, Bruce salió corriendo hacia el lado contrario del escenario y la gente comenzó azotar sus cabellos al aire. 
  
Fue un inicio espléndido con un recibimiento intenso, enlazaron sin pausa a “Speed of the Light”, una canción de su nuevo disco que en principio me había parecido de las más flojas del álbum. El grito con el que Bruce arrancó la canción, todo un sello clásico del “Air-Raid Siren”, nos dejó a muchos con electricidad en los oídos (y zumbido posterior) y con eso se desvaneció mi segundo miedo: Bruce está entero, en voz, actitud, agilidad y energía. Todo un auténtico cabrón.

Con los amplificadores de estadio se podía notar la batería un poco detrás del bajo, así la canción cobró fuerza y terminó sonando mucho más pesada que la versión de estudio, a eso lo llamo el efecto Maiden. 
  
“All right Mexico” fueron las primeras palabras que Dickinson dirigió directamente al público. 
  
“WELCOME TO THE BOOK OF SOULS” 

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La ensordecedora respuesta del público llegó instantáneamente, Bruce continuó hablando sobre el show que ofrecerían y que también estarían tocando canciones de la era de los dinosauros. El pensar por un momento que tocarían “Quest for Fire” me embruteció, pero la canción no la tocaban antes ni la tocarán ahora. Sin embargo, las primeras notas del bajo de Harris anunciaron la poderosa “Children of the Damned”, completamente adecuada para balancear la oleada de canciones nuevas su diabólica letra retumbó en el palacio y en esta ocasión, el rebote y eco provocado por esa extraña acústica del palacio fue enteramente remplazado por 25,000 gargantas, Bruce que sin duda alguna se percató de eso hizo su primer solicitud de la noche: SCREAM FOR ME MEXICO, el público desahogo un grito que llevaba aguantando por casi 3 años, alucinante. 
  
Le continuó una canción que fue presentada con tristeza como un homenaje al fallecido actor Robin Williams, con contemplación y a manera de tregua la gente disfrutó del toque progresivo que ofrece la canción mientras Bruce desenvolvía la dramática letra, “Who motivates the motivator?”, una manta con cartas del Joker adornó el escenario durante la canción, el sólo provocó aplausos y el coro fue cantado por muchos, un gran número pantallas de distintas clases de dispositivos podían apreciarse a lo largo de la pista, aprovechando la lenta fase de la canción para documentar y compartir el momento. “Tears of a clown!” sentenció Bruce al final. 
  
Era claro el orgullo de la banda por su “Book of Souls” 3 de 4 canciones hasta el momento eran de su nuevo álbum y aún faltaban más. 
  
Las luces se apagaron por completo entonces y Steve Harris apareció al centro del escenario iluminado por una intensa luz roja: “The Red and the Black”. La compleja y larga estructura de la canción fue ejecutada con precisión, la reputación de Maiden por tocar sin diferencia sus canciones en vivo de sus versiones en estudio se mantuvo intacta durante ésta canción y durante éste concierto, el tremendo gancho que tiene la canción desde que fue concebida en estudio fue aceptado por el público con un poderoso “WHOAH-OAH, WHOAH-OAH, WHOAH-OAH-OAH-OAH”.

Me gusta mucho como durante esta canción la guitarra principal parece cantar en varias ocasiones junto con bruce, en las partes rápidas, en las partes golpeadas y también durante el coro, poco a poco la canción evolucionó a un gigante lleno de cambios, solos de guitarra y épico galope.

Sus solos de guitarra pueden provocar cerrar los ojos y gracias a la melodía percibir una sensación muy cercana a la de volar, aunque en realidad te encuentres de pié entre miles de personas, hacia el clímax de la canción el reflejo era inevitable, el rabioso headbanging se volvía un movimiento tan involuntario como la contracción misma que realizan los pulmones al respirar, sencillamente instintivo y natural.

Un último “WHOAH-OAH!” y la canción fue historia. Steve Harris nuevamente iluminado por la luz roja despidió la canción con su bajo, en medio de la ensordecedora algarabía de la gente. 
  
Aún retumban las palabras en mi cabeza… “I Need somebody to save me…” 
  

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El escenario en esta ocasión lucía un poco más sobrio que el de la gira “Maiden England”, el catálogo de mantas gigantes se mantuvo y canción a canción desfilaban de derecha a izquierda revelando otra manta detrás, durante las primeras canciones permaneció la gran pirámide maya en la jungla, mientras que las clásicas mantas fueron revelándose conforme el concierto avanzaba. 
  
La manta con Eddie rodeado del calendario maya adornó “The Red and the Black” y al final de la canción reveló la gran manta de “The Trooper”. 
  
Muchas cosas pasaron entonces, a mi lado, en la pista, se abrió un impetuoso moshpit, mi pelo volaba por los aires y la gente brincaba y cantaba una de las canciones más veloces de Maiden y una de las más famosas también; en el escenario, Bruce blandía feroz y orgullosamente la bandera que han llevado consigo a todas partes y corría de un lado a otro sobre la plataforma de dos metros hasta que la canción finalizó en un considerable y bien justificado gasto energía para todos los presentes, Maiden estaba comenzando a disparar sus clásicos y llegó el turno de Powerslave, esa poderosa canción escrita por Dickinson. Sus vertiginosos solos de guitarra fueron conducidos a nuestros oídos cual electricidad inalámbrica de Tesla y Bruce con una máscara de Blue Demon (BD=Bruce Dickinson, BD=Blue Demon ¿coincidencia?) levantó aún más los ánimos. 
  
“Scream for me México” –gritó Bruce, el público replicó sin estar preparado, “BULLSHIT!, SCREAM FOR ME MEXICO CITY!” –volvió a solicitar Bruce elevando el tono, el público rugió al máximo ahora, para mí el mejor momento de la noche, una canción tan poderosa, pesada e icónica de Maiden que no se escucha en todos sus conciertos, fue un regalo de la doncella que se pudo escuchar las dos noches seguidas.

La vibra ochentera, callejera y punk de “Death Or Glory” comenzó a sonar después, contrastantemente la letra trata sobre aviones de caza, “I shoot the gunner first, I kill to quench my thirst, I hunt the weakest prey, Live to fly another day, Death or glory, I’m in the game of Death or glory, A one way train”. Con enorme naturalidad Bruce cantó cada parte de la canción y la banda la tocó con tal calma y dominio que no parecía que fueran las primeras veces que la tocan en concierto.
  
La canción terminó y entonces el público se rindió ante la banda. “Maiden Maiden”, Bruce levantó una bandera y con ella en la mano comenzó a hablar con el público.

 “Ok, el álbum, la completa portada del álbum, el concepto del álbum, básicamente viene… de México”
  
El público respondió con gritos. 
  
“¿Saben?, antes de que fuera México, sí, sabemos de los aztecas, pero estaban los mayas y ahí está el misterio, no sabemos por qué un imperio, una gran civilización… pum! Desapareció, no sabemos por qué… y es un poco extraño mirar el mundo el día de hoy porque hay unos muy grandes “fuck off” imperios, nosotros tenemos bombas nucleares, grandes soldados, como si fueran a durar por siempre y es una cosa extraña, ya que no ha habido un solo imperio que dure por toda la humanidad, los imperios se levantan y los imperios caen… y cuando caen mejor asegúrate de hacer amigos mientras eso sucede… the book of souls my friends”

Aplausos, headbanging y los 10 solos (o más) que tiene la canción formaron parte de una épica y profética escena en la que Bruce extrajo el corazón del tórax de un Eddie maya de 3 metros de altura, lo ofreció a los dioses, ¿lo guisó? y lo arrojó al público, mientras la melodía de la canción progresaba, se acrecentaba y el público completamente emocionado miraba lo que sucedía en el escenario, una canción llena de galope, lenta de inicio pero de frenético final, melódica, pesada por momentos y a su vez nostálgica.

Y así concluyó lo que será el mayor despliegue de canciones que la banda realizará del “Book Of Souls” en toda la historia de sus conciertos, no tengo nada en contra de los “revival” de las legendarias giras como el “Somewhere Back In Time” o el “Maiden England”, me encantan, pero la auténtica experiencia Maiden ocurre aquí, en un concierto de la gira mundial del disco nuevo, aquí y ahora, canciones nuevas, colores y recuerdos nuevos.

Y entonces llegó el momento crucial, el bombardeo de clásicos con todos los rituales de la bestia incluídos.

La horca de “Hallowed Be Thy Name”, el ensordecedor canto de “Fear of the Dark” y el salto grupal comandado por Steve, quien junto con su banda demostraron que la edad, si bien es cierto que no realizaron el mismo despliegue físico ambos días, aún no es un factor, dejándome así sin ningún miedo a la oscuridad. La cabeza gigante de Eddie en “Iron Maiden” también apareció en este bloque así como su permanente sentencia de muerte, el fuego y e infierno de “The Number of the Beast”. Un bloque tremendo que vendría a ser cerrado perfectamente con dos bombas.

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El discurso de Dickinson dio indicios claros de la canción que seguía, la penúltima canción, el tema era el lazo tan fuerte de una comunidad a pesar de todas las diferencias culturales, la incambiable experiencia metalera representada en un himno ya imprescindible en cada concierto de la bestia, el de un lazo tan fuerte como el de una hermandad: Blood Brothers. El público cantó tremendamente el coro y a la pregunta de Bruce “What are we?” respondia con mayor fuerza cada vez.

WE ARE BLOOD BROTHERS.

Y fue así que con la nostálgica melodía de “Wasted Years” (and beers) vi pasar estas dos inolvidables noches ante mis ojos tal y como dicen que se ve pasar la vida en una experiencia cercana a la muerte, “Así que entiende, no malgastes tu tiempo buscando siempre esos años desperdiciados, afróntalo, resiste, y date cuenta que vives en los años dorados” esto fue el sello que hizo un momento, ese momento y esas noches eternas, el gran final para dos noches simplemente gigantes, gracias Adrian Smith.

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